En cuanto llegué al salón, el encargado me insistió sin parar con cosas como "este cuadro seguro que subirá de valor en el futuro", y acabé firmando el contrato.
A la señora Mizuta, a quien le encanta ese personaje llamado Buska, la última vez que pasó por casualidad por una tienda que tenía artículos de Buska, los detectó enseguida y decidió comprar uno en el acto.