La vez pasada envié, bajo la promesa de que se lo mantendría en secreto al señor K, un texto mediocre a modo de epílogo de «izquierda y derecha»; esta vez se trata del epílogo de aquel epílogo.
"Esta bufanda te ha quedado tejida preciosa. Es completamente distinta a la de la última vez, ¿verdad?" "Sí, supongo que mis manos se han ido acostumbrando. Ya soy capaz de tejer con tranquilidad."