El coche, que iba a toda velocidad superando el límite, frenó, pero patinó y, en un abrir y cerrar de ojos, el conductor se estrelló de lleno contra la parte trasera de un camión.
Para entonces Tony rondaba los sesenta y cinco años y aún podía trabajar duro, pero ahora tenía un camión nuevo, un cortacésped nuevo, mucho otro equipo y tres personas ayudándolo.